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PROSTITUCION VIP / EL SALVADOR

Cobran precios de prostitutas del primer mundo para mantener los lujos que ostentan, aunque ese sueño sólo les dure los pocos años que su cuerpo aguante con el trajín de acostarse en la mañana con un cliente "distinguido" y en la tarde con un pandillero u otro personaje del bajo mundo; algunas, para prolongar un poco más el ensueño, pagan tratamientos caros de belleza, que incluyen colágeno en los glúteos y en los senos. Pero, al final, son mujeres explotadas sexualmente.
A las proxenetas no les gusta esa palabra. Prefieren que las llamen "presentadoras". Y a las jóvenes que le trabajan a las proxenetas les enfada que les digan prostitutas. Ellas se definen como "chicas que salen". Al final es lo mismo: una vividora vende el cuerpo de una mujer con necesidad de pagar sus estudios o mantener una suntuosa vida.

La primera se queda con el 20, 30 o hasta el 80% de lo que el cliente VIP (Very Important People, por sus siglas en inglés) paga por un rato de placer y el resto le queda a la "dama de compañía o modelo", la que hizo el trabajo más pesado.

Una de las proxenetas es Blanca, o la "Mariyona", una abogada ya entrada en años que en vez de litigar "presenta" jóvenes a las que explota en demasía, según el testimonio de algunas de ellas (Blanca se queda con el pago y a las chicas les da la comisión). Y de su competencia.

También está Elisa, una universitaria que trabaja con menores y hasta las ofrece por medio de catálogo. El supuesto negocio de contratar seis chicas hizo que enviara por correo electrónico 20 fotografías, algunas a rostro descubierto, de su séquito de prostitutas, que incluye a su misma sobrina, según fuentes de este periódico.

Lo mismo hizo Pamela, una joven que al parecer no ha cumplido los 18 años, pero que su viveza la hizo aprender rápido y convertirse en proxeneta. Estudia bachillerato en un colegio privado de San Salvador, lugar donde también ha reclutado al círculo de muchachas que "presenta". Son tan jóvenes que parece que algunas no alcanzan los 18 años. Melissa, por ejemplo, aparenta unos 16 años, aunque Pamela asegura que ya tiene 19. Como ella.

Con el ardid de necesitar seis chicas para agasajar a unos amigos que venían de Estados Unidos a vacacionar, varias proxenetas se ofrecieron a presentar sus mejores chicas. Lo hizo Laura, Ingrid, Claudia Benneth, Pamela, Blanca y otras más. Todas ofrecían lo mejor: universitarias, empleadas bancarias, una cantante brasileña y hasta una chica que recién participó en un certamen nacional de belleza.

ganancias sin riesgos.
Eso de "presentar chicas" es un negocio redondo, pues, la mediadora no tiene que pagar impuestos ni gastar en un local. Sólo necesita uno, dos o tres teléfonos celulares a los cuales se hace la cita y ella lleva a la prostituta hasta la habitación del hotel, motel o donde el cliente diga. El escaparate de estas mujeres suele ser algún café, los pasillos de cualquier centro comercial o restaurantes de comida rápida.

El negocio tampoco es riesgoso, judicialmente hablando, al menos para la "presentadora", porque aunque la mayoría tiene en su colección a menores de edad, al no tener un local, es difícil que sea pillada. Y del teléfono se pueden deshacer fácilmente.

El pez por la boca muere, reza un refrán. Pero en el caso de la prostitución VIP, no es así. Se delatan por dinero, pues, aunque celestinas y explotadas se cuidan de no dar pistas sobre su verdadera identidad y domicilio, la ilusión de hacer "un buen bisne (negocio)" hizo que algunas bajaran la guardia y llevaran al potencial cliente hasta el frente de sus viviendas.

Lo hicieron dos proxenetas a quienes se les ofreció, por separado, buen dinero a cambio de varias chicas para una fiesta privada. Los cálculos en una ganancia de 500 dólares de comisión echaron por tierra el sigilo: Una llevó al periodista hasta una colonia de Mejicanos, y otra pidió que la fueran a dejar a su casa en Apopa. Y por si eso fuera poco, reveló su lugar de trabajo: un hospital público. Está por graduarse de licenciada en enfermería.

Pero no todo en ese submundo es dinero y más dinero por cinco o diez (a lo sumo) minutos de relación sexual o una a tres horas de soportar a algún cliente hablar sin parar, mientras vacía una botella de wishky, como suelen hacerlo varios.

A ese ritmo, algunas chicas viven sometidas, a fuerza de chantaje, por sus proxenetas. Tanto es así que las mediadoras no dejan que contesten el celular que tienen para el negocio. Porque portar más de un teléfono es una característica de las "chicas que salen". Carolina, por ejemplo, cuenta entre su colección con una menor de edad, de las que no contestan el teléfono. En tanto, Lily es una joven menor de 18 años que, según las fuentes, es sumisa de Vanessa. Para rematar, Lily está embarazada.

Pero, más que un chantaje de parte de la proxeneta, la mayor sumisión de estas chicas es hacia los lujos con que viven, a las necesidades de pagarse sus estudios o mantener al hijo que concibieron a temprana edad durante un noviazgo irresponsable.

Pamela, quien se prostituye pero que a la vez "presenta chicas", dice que tiene 19 años, pero quienes la indujeron a prostituirse aseguran que cumplirá los 18 el próximo 15 de septiembre. Ha recurrido a la prostitución como forma de subsistencia desde hace tres años. En uno de los contactos sostenidos, esta colegiala confesó muchas intimidades de su oficio. Ese día andaba escasa de dinero, porque febrero y marzo han sido meses de pocos clientes.Es incalculable cuántas jóvenes hacen de la prostitución VIP su forma de subsistir o de mantener sus lujos. Cada una de las celestinas con las que, de forma encubierta, periodistas de este medio hablaron, tiene a su disposición quince o veinte mujeres para mostrarlas a los clientes que requieren de sus servicios.

Enfermeras, auditoras fiscales, empleadas judiciales, estudiantes de Derecho, Administración de empresas, y hasta de bachillerato, son parte del catálogo de un grupo de proxenetas que, tras cinco o más años de haber sido explotadas sexualmente por otras mujeres, son ellas quienes hoy se lucran de los cuerpos ajenos de las que comienzan en el oficio de la prostitución.

Blanca, por ejemplo, se jacta de tener a su disposición secretarias y empleadas de banco. Según dice, son chicas lindas y todas con carro propio para desplazarse a donde el cliente lo solicite. Sus chicas no son corrientes, como tampoco lo son los clientes, entre los que asegura que están políticos y empresarios.

Contra el tiempo
Mientras la piel de la chica esté tersa y sus senos y glúteos no estén flácidos, tendrán dinero seguro. Pasados tres o más años, tienen que recurrir a inyecciones de colágeno que unas mujeres, a las que ellas identifican como Gloria o Margarita, les venden a 400 dólares.

Son muchas las que han recurrido a estos productos para luchar contra la naturaleza o intentar matizar las huellas del tiempo y del jineteo sexual. Nada de gimnasio o dietas. Para qué, dicen, si hay clientes apasionados por las gordas, rellenas, como el caso de un cliente, un médico según ellas, al que le gustan tallas grandes.

En lo que sí gasta la mayoría es en cremas vaginales que contraen los músculos. Esto para disimular, de acuerdo al testimonio de algunas chicas VIP, o para engañar a los clientes de que no tienen mucho tiempo de andar en el oficio. Ellas saben donde encontrar las tiendas que venden a $25 dólares el pequeño tarro de esos ungüentos.

Otro de los gastos que las prostitutas VIP hacen es cuando acuden, antes de cada cita, al salón de belleza a plancharse el cabello, o bien para que les coloquen extensiones de pestañas o uñas. Lo importante es la primera imagen. Con todo este glamour en un negocio que pasa desapercibido para cualquier mortal, ellas cobran tarifas de prostitutas europeas. Pero, según lo confiesan, no hace falta ofrecer mujeres rusas o rumanas, porque las salvadoreñas compensan con calor humano lo que les puede faltar en belleza.

"Es lo que les gusta a los extranjeros", afirman... Aunque por las dudas, las celestinas disponen de algunas extranjeras en sus exclusivos portafolios.
VIENE DE EDH

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